Como Los demonios es una obra llena de referentes literarios que perfilan el carácter de los personajes, he querido acercame a algunos de ellos. Concretamente, fue pensando en los elementos que presenta D. sobre el carácter de Stepan T., unos de los enfermos de la obra. Enumero algunos rasgos explícitos en la novela: llora con frecuencia, mozalbete de 50 años, escisión entre lo que cree de sí y lo que realiza, entre lo que dice y lo que hace, invento de la mujer, "amigo" de Varvara durante veinte años sin relación sexual, dependencia casi sado-masoquista ("quieren devorarse el uno al otro"), melancolía, fantasías sobre la propia vida, etc.
En la descripción aparentemente inconexa que se nos da de Stepan en el primer cap. se nombran diferentes personajes. Veamos: "Ocurría a veces que salía al jardín con un libro de Tocqueville y llevaba oculto en el bolsillo otro de Paul de Kock. Pero éstas son nimiedades" (p. 37). Veamos las nimiedades. Paul de Kock era un novelista famoso en Francia en el XIX (muere en 1871). Su padre fue guillotinado por los revolucionarios franceses. Escribió más de 200 obras dramáticas, costumbristas, que hablaban de las gentes sencillas de París (vodeviles). Maupassant decía que todas hacían reir.
Aunque se nos dice que tiene la lectura un tanto abandonada, Stepan lleva una obra suya oculta en el bolsillo, pero desde que vive rodeado de esa "chusma", no deja el vino, los naipes, "no lee más que a Paul de Kock" (p. 87), le dice Varvara. El por qué de su lectura oculta y, en los últimos tiempos, casi obsesiva, quizá se deba a que son un espejo de su vida grotesca y ridícula. Los títulos ya dicen mucho: Gustavo el calavera, Isidorito, Los milagros del amor, Un hombre que desea casarse, El niño de la mujer, La mujer, el marido y el amante...
Respecto a su físico, el referente que da D. es Kukolnik: "se parecía a un patriarca, o, mejor aún, al retrato del poeta Kukolnik" (p. 36). Este era un poeta de tercera fila, retratado por Briullov en 1836, que escribió el libreto para la ópera de Glinka "La vida por el zar", representada en 1837 ante el zar Nicolás I con gran éxito. Lo podemos observar sentado, con levita y sombrero de copa y bastón...
En la confusión de ideas que había en el "movimiento", al que trata de acercarse Stepan, "llegaron a compararle con Radischev, no se sabe por qué" (p. 38). Radischev (1749-802) fue un revolucionario ruso, que combatió el yugo feudal, el absolutismo y la tiranía. Esto puede concordar con la idea que tiene de sí mismo Stepan, pues como liberal de los 50 abomina del absolutismo feudal. Pero lo más interesante quizá es que Radischev escribió una obra titulada "Viaje de Petersburgo a Moscú" (1790). Esta obra imita la de L. Sterne, mostrando su admiración por las ideas filosóficas francesas. Catalina II mandó quemar la obra, aunque fue rehabilitada por Alejandro I. Antiabsolutista, partidario de lo francés y recorre el mismo trayecto de Petersburgo a Moscú buscando aclaración acerca de las ideas del "movimiento", donde encuentra más de lo mismo... Ciertamente, los referentes literarios no son casuales.
Una última aclaración: lee a Tocqueville, autor francés que desconfía de los revolucionarios. ¿Llevará en sus manos Stepan "La democracia en América"? Si los liberales hacían su viaje "iniciático" a Europa para asimilar las ideas de libertad y progreso, el viaje de los nihilistas será a América. Shatov y Kirillov han ido a descubrir la democracia en América, la libertad, el pueblo...quizá sólo han encontrado un laissez-faire salvaje del que cada cual sacará las conclusiones pertinentes: "él pensaba en una cosa y yo en otra", dice Shatov (p. 178). Estos son los que desfiguran "una idea grande" (p. 44), al decir de Stepan.
jueves, 20 de diciembre de 2007
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1 comentario:
Siguiendo tu propuesta de relexionar sobre personajes de Los demonios, me arriesgo a pensar desde y a partir de Stepan, no sin antes aprovechar por felicitaros por este blog y animaros a que editéis más entradas.
"La ley general de la existencia humana se reduce a que el hombre pueda siempre venerar lo inmensamente grande. Si privamos a los hombres de lo infinitamente grande, se truncará su vida, y morirán sumidos en la desesperación. Lo inmenso y lo infinito le son tan indispensables al hombre como el minúsculo planeta en que habita". (Palabras de Stepan poco antes de morir)
Es en la eliminación de la trascendencia, que Stepan profetiza, en donde encontramos una de ñas raíces del nihilismo contemporáneo. La pérdida de toda univocidad es de suyo el anatema que se promulga a sí mismo y que cae sobre todo aquel que ha perdido la veneración ante la exigencian absoluta de Dios y que repudia y aún escarnece consciente y voluntariamente la voz inequívoca de la conciencia.
Ahora bien, una vez roto el velo que oculta la trascendencia e inmersos de lleno en la inmanencia, la vuelta atrás nos resulta imposible. Sólo queda la intemperie de la inmanencia desde la cual y en la cual nos vemos obligados a edificar una nueva trascendencia, algo de suyo imposible pero necesario. Esta es pues la tragedia de nuestro tiempo.
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