Como dije en la última sesión del seminario, la narración de las peripecias por América de G-v y Kirílov me recordaron a las peripecias de Karl Rossman en Amerika de Kafka por ese mismo lugar. He tratado de discernir algunos de los elementos que pudieron despertar en mí esa conexión:
- El más claro concierne a la idealización de la vida en América que resiste los embates de lo real. Por más que uno reconozca que es una tierra de explotación laboral, uno no deja de admirar su modo de vida. Probablemente, eso expresa simplemente nuestra necesidad de mantener la esperanza, de no renunciar a la idea de que hay un lugar en la tierra donde una vida grata es posible. En este sentido, la idealización de América está emparentada con las necesidades psicológicas que llevan a los revolucionarios de café que tanto parodia Dostoievski a abrazar 'luminosas esperanzas'.
- Una conexión más sutil tiene que ver con la voz del narrador y la forma de la conciencia que requiere. El texto expresa una forma de conciencia que combina la admiración por un modo de vida con la conciencia de que esa actitud es ridícula. La cita abunda en la idea de que cualquier cosa que acontezca en América será del agrado de sus visitantes rusos, incluso las cosas que esos mismos visitantes reconocen como ridículas. La conciencia de la ridiculez de lo admirado y de la actitud admirativa misma no socava en el narrador la admiración de los personajes por América. Es cierto que es posible una forma de conciencia en la que se den los tres elementos, pues nuestras actitudes más básicas son, a menudo, impermeables a nuestros pensamientos, pero es una forma de conciencia en la que la voz se desdobla al narrar la propia experiencia, una voz que se encuentra esa a caballo entre la primera y la tercera persona. Y ese es uno de los rasgos que, en el seminario sobre Amerika, identificamos como más persistente en las narraciones kafkianas.
- Esta circunstancia abunda en un punto que subráyamos en el seminario anterior: la pluralidad de las voces que van articulando la narración. Esa pluralidad no solo consiste en que el narrador recoge las diferentes voces según se las encuentra sin emitir un juicio definitivo acerca de la autoridad de cada una de ellas, sino que la voz del propio narrador se desdobla y los indicios que nos pueden hacer confiar en su autoridad solo se manifiestan de manera fragmentaria y no sabemos si, finalmente, estaremos dispuestos a reconocérsela.
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